¿Qué son los intereses inalienables?

Partido Vegano - Intereses inalienables - Animales y células nerviosas
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Partido Vegano - Intereses inalienables - Animales y células nerviosasEl concepto de «intereses inalienables» es clave para entender los fundamentos del veganismo y de los Derechos Animales. Todos los animales poseemos conciencia e intereses debido a nuestra capacidad de sentir.

Los animales poseemos necesidades conscientes

Desde nuestra fundación, el Partido Vegano ha señalado innumerables veces que los animales poseen intereses inalienables que son tan importantes para ellos como para nosotros los nuestros. Sin embargo, cualquier lector puede sentirse confundido al no saber qué significa exactamente eso de contar con «intereses inalienables». Esta publicación tiene el objetivo de ahondar en el significado de este término.

Un interés es una necesidad consciente. En otras palabras: decimos que un interés es inalienable cuando el individuo necesita satisfacer algo para poder vivir con plenitud, es decir, sin alteraciones en sus funciones físicas o psicológicas. Todos los animales, como consecuencia de la posesión de células nerviosas, poseemos tres intereses inalienables: vida, libertad e integridad.

A una planta, por ejemplo, podemos introducirla dentro de un cubo de cristal sin mayor perjuicio para su vida. Ésta, mientras tuviere agua, luz y nutrientes, no morirá. Sin embargo, los animales, aunque dispongamos igualmente de agua y alimento, no podemos completar nuestro ciclo si algo o alguien limita el conjunto de actividades o comportamiento innatos. Esto incluye el hecho de que se los encierre en zoológicos o acuarios, o se los someta u obligue a ejercer acciones en contra de su voluntad. La diferencia está en que los animales —casi la totalidad del grupo— tenemos células nerviosas y los demás organismos carecen de éstas.

La afirmación de que todos los animales poseemos intereses inalienables pudiera interpretarse, de antemano, como un dogma o una petición de principio. No ocurre así porque las evidencias y los hechos nos indican claramente que todo ser vivo poseedor de células nerviosas —los animales somos el único clado con esta característica— es consciente —tiene conciencia— de que hay un «yo» distinto, real y específico dentro del medio que lo rodea.

La comunidad científica es bastante unánime en cuanto a la aceptación de que los humanos no somos los únicos animales conscientes y que, por ello, no somos los únicos seres merecedores de respeto. No en vano, el 7 de julio del año 2012 se produjo la Declaración de Cambridge, una cumbre internacional de neurocientíficos que aceptaba la conciencia animal. Y hace poco, dicha declaración fue secundada por la Declaración de Toulon, en la cual se reivindicaban derechos legales para todos los animales. No obstante, todavía quedan muchas barreras por superar en el entorno académico.

A pesar de que la ciencia nos demuestra que no somos los únicos seres con intereses propios, la sociedad continúa ninguneando sus derechos. El razonamiento lógico aplicado al comportamiento (ética) nos lleva a asumir que si los animales sienten como nosotros, debemos actuar en consecuencia como lo hacemos con los seres humanos.

No existe ninguna justificación para la explotación animal ni para la esclavitud animal. Ni tampoco hay una manera justa de dominarlos ni domesticarlos. Para ser justos debemos respetarlos por igual y dejar de cometer injusticias contra ellos. El primer paso para ser justos y coherentes con los animales es adoptar el principio ético del veganismo, el cual conforma la base moral de los Derechos Animales.

En el Partido Vegano tomamos el veganismo como principio ético fundamental que debiera compartir toda la sociedad humana y promovemos, por extensión, los Derechos Animales para la defensa global y absoluta de sus intereses inalienables. ¿Quién lo hará si no?

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